Los precios de la App Store y de Google Play varían mucho de un país a otro; la misma suscripción puede resultar bastante más barata en un país en relación con el poder adquisitivo local. Muchas empresas publican además una función nueva primero en un solo país y después poco a poco en los demás (despliegue por fases). Sin una IP real del país objetivo, no puedes verificar qué precio o qué versión está viendo ahora mismo un usuario.
Las pruebas geográficas de indicadores de función funcionan con la misma lógica: antes de que una función se publique, compruebas si está activa en una región concreta conectándote desde allí. Eso te permite detectar una función dejada activa por error en el mercado equivocado, o un botón que no debería verse en una región, antes de que lleguen a los usuarios reales.
Por último, si quieres probar de punta a punta cómo se comporta una aplicación en un país determinado —en qué idioma se abre, qué método de pago ofrece, qué anuncios muestra—, todo eso depende de dónde parezca estar la IP. El mismo montaje de proxy móvil que usarías para probar la localización sirve también aquí.