La extracción de datos suele pedir páginas de una lista conocida, una vez o según un calendario fijo. El trabajo de un rastreador es distinto: recorrer un sitemap.xml de punta a punta para descubrir cientos de miles de páginas, o encontrar y encolar automáticamente las páginas de producto nuevas que un sitio de comercio electrónico añade cada día; un flujo continuo y programado.
A esa escala una sola IP nunca basta: un rastreador que intente refrescar una vez al día un sitemap de 500.000 páginas envía decenas de miles de peticiones por hora, y el servidor objetivo lo ve como tráfico anómalo desde un único origen. La indexación de los buscadores se apoya justo en este principio: pools de IP amplios y peticiones repartidas en el tiempo.
El mismo principio vale al construir tu propio rastreador: usa un proxy rotativo durante el descubrimiento, para que cada petición salga por una IP distinta, y pasa a un proxy de sesión fija cuando necesites recorrer una subsección concreta con una identidad estable; así cumples con robots.txt y mantienes tu rastreo programado sin interrupciones.